GRAFFITIS
Fuente - tutinfo.it
Los laboratorios desarrollan productos cada vez más
eficaces y respetuosos con el medio ambiente para liberar
de manchas las calles.
Los laboratorios de empresas que se dedican a sacar al
mercado productos de limpieza para estos menesteres, mientras
tanto, no cesan en sus investigaciones. Han alcanzado
un elevado grado de eficacia con distintos métodos,
algunos de ellos no abrasivos. Pero, con éstos,
lo que proponen son dos actuaciones complementarias: primero,
limpieza; después, protección.
La primera requiere de diferentes sistemas según
la superficie de que se trate. Así, cuando el lugar
en el que se ha hecho la pintada no es muy poroso, la
eliminación es más sencilla. En estos casos,
además, los escritores suelen usar los clásicos
aerosoles, que utilizan un tipo de pintura que, por sus
características, tampoco penetraría demasiado
incluso en rocas areniscas. Más problemas surgen
cuando, ya avisados, los graffiteros escogen materias
primas más eficaces: rotuladores que, por la composición
de sus tintas, con mucho alcohol, dejan una impronta realmente
difícil de eliminar, ya que éste se extiende
hacia el interior de la piedra con gran facilidad. Es
entonces cuando se imponen métodos de limpieza
como pastas que, tras varias horas de actuación,
absorben los tintes sin dañar la superficie. "Lo
más sorprendente del resultado, en estos casos,
es que se eliminan incluso las pertinaces sombras que,
de otro modo, quedan de testigo y, desde lejos, pueden
resultar perfectamente legibles", afirma Óscar
Sánchez, químico y responsable del departamento
técnico de Eurochem, una empresa que se dedica
a eliminar este tipo de pintadas, además de a mejorar
sus propios productos de limpieza.
La segunda parte del proceso llega con el consejo de estos
profesionales de proteger las superficies liberadas. Para
ello se aplican productos que crean una suerte de película
invisible que no altera las propiedades del material.
La piedra, por ejemplo, sigue transpirando. Se trata de
un tratamiento no permanente, que tienen una duración
de aproximadamente siete años (ó 500 limpiezas),
y que puede retirarse en cualquier momento si así
se desea, ya que es un proceso reversible en cualquier
momento. El resultado es que las siguientes pintadas podrán
eliminarse con gran facilidad de esa pared, monumento,
señal de tráfico o cualquiera de los soportes
habituales de los graffiteros. Se evitaría así
uno de los grandes problemas del programa de eliminación
de pintadas y carteles: su reducida eficacia, fruto de
la persistencia de los escritores, que repiten cuatro
o cinco veces la misma pintada. También pueden
aplicarse protecciones permanentes, pero éstas
sí pueden alterar ciertas características
de la supeSrficie sobre la que se aplica (de algún
modo la “plastifican”), por lo que los fabricantes
no la aconsejan en el caso de materiales como la piedra
natural. |